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El “inconveniente” más querido 3 marzo 2008

Posted by ppglaf in General.
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Las sesiones de juego de las últimas semanas han tenido que compartir tiempo con los cuidados de mi hijo de dos años. Esto supone que, en lugar de estar plenamente concentrado en la partida, debo atender sus permanentes requerimientos de atención.

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Si estoy solo, la actividad de jugar en solitario para ir afianzando las reglas se convierte en una tortura, porque cada dos minutos viene el nene a por mí, a “interrumpirme”, tirando de mi mano para que le alcance algún juguete, para enseñarme algo o simplemente para que juegue un poco con él. Yo, naturalmente, accedo a todas sus peticiones.

Si estoy acompañado de otros “jugones”, la partida adquiere un ritmo lento, pausado y, a veces, cansino. Mi lucha por la victoria desaparece porque no puedo prestar toda la atención necesaria al juego. No obstante, parece que me deja un poco más tranquilo y no necesita llamar tanto mi atención si hay más gente presente.

Ambas situaciones no son plenamente satisfactorias de cara al juego en sí, pero compartir espacio y tiempo con mi hijo y con una afición que me gusta, aunque sean “un poco” incompatibles entre sí, sí que resulta agradable.

Claro que a dónde quiero llegar es a los otros jugadores que se sientan conmigo a la mesa.

Para mi buena fortuna, resulta que algunas de estas personas también han sido padres/madres recientemente, y tienen niños/as de similar edad al mío. Mi esfuerzo por conseguir un lugar agradable donde jugar se ha reconvertido en la búsqueda de un entorno apropiado para que los nenes jueguen y en el que, además, los adultos también podamos jugar a lo nuestro. En este grupo de jugadores tendré compañeros para rato, pero, ¿y los otros, los que no tienen niños?

Quien por razón de la edad, circunstancia o decisión plenamente consciente ha decidido no tener hijos todavía o incluso nunca, o ya los tuvo hace tiempo y ya son creciditos, no tiene mis mismas necesidades, y, desde luego, no tiene por qué aguantar interrupciones para dar meriendas o cambiar pañales.

De momento, un grupo que me ha costado cierto trabajo formar sufre el riesgo de la escisión por estos motivos. No tengo claro si será así o no, y el tiempo lo dirá.

Lo mejor espero que llegue en unos añitos, cuando esta generación de “retoños de jugones” alcance una edad adecuada para empezar a sentarse a la mesa con sus papás y mamás a jugar.

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