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Jugar con niños, segunda edición 17 enero 2011

Posted by ppglaf in Reseñas, Sesiones de juego.
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El pasado viernes, mi mujer y yo volvimos a repetir la experiencia del curso pasado, consistente en asistir al colegio de mi hijo mayor y jugar a algunos juegos de mesa con él y con todos sus compañeros de clase, unos cien niños en total.

Como la experiencia es un grado, esta vez, en lugar de ir clase por clase, nos situamos en la biblioteca del centro y los cuatro grupos de niños de cuatro años fueron pasando por allí, quedándose a jugar durante unos cincuenta minutos. También contamos con un grupo de madres que, sin saber muy bien de qué iba la cosa, se prestaron a colaborar (es un grupo establecido para ayudar en las actividades del centro). Ante todo darles las gracias a ellas porque es una experiencia muy gratificante pero realmente agotadora. Y sin tener ni idea de qué es eso de los juegos de mesa. 😉

Varias personas de mi entorno, algunos amigos que vienen a jugar a casa (también padres de alumnos del mismo colegio) y, cómo no, los compañeros de la Asociación Queremos Jugar, me habían expresado sus ganas de acudir a este evento, pero como es un acto asociado al colegio, ni siquiera he planteado el hacer uso de recursos ajenos al mismo. No obstante, parece que la actividad llama la atención lo suficiente como para poder repetirla a otro nivel. Ya veremos.

La jornada en sí comenzó la tarde antes, cuando preparé los juegos que pensaba llevar, dejando en casa todo aquello prescindible y susceptible de extraviarse, y rellenando una gran caja de plástico con los juegos elegidos. Repetí cuatro del año pasado y escogí otros cuatro para completar el paquete.

Todos los juegos
La caja de los juegos.

Al llegar, expliqué las reglas a las personas que iban a ayudar y al contar con un número suficiente de colaboradoras, en lugar de ser yo mismo uno de los que se sentaran con los niños, me dediqué un poco a esto y a lo otro, dar vueltas por allí y resolver dudas o sustituir a quien necesitara levantarse un momento. Mucho más placentero que la locura del año anterior.

En cada mesa quedaba desplegado un juego y un adulto, y los niños, divididos en grupos de cuatro o tres, se sentaban unos diez minutos en cada uno. No había lugar a que todos jugaran a todo, pero al menos pudieron probar bastantes. Cada cambio de clase (o antes en algún caso), las madres rotaban por las mesa para no quemarse a base de explicar el mismo juego una y otra vez.

Esta vez sí que pude echar algunas fotos, al menos para ilustrar los comentarios que voy a hacer de cada juego, casi a modo de reseña:

El Frutalito.

Este juego, al ser cooperativo (todos contra el cuervo), siempre tiene éxito. Se trata de una especie de “memory” en el que se lanza un dado para, según la flor que determine el mismo, girar una de las tres fichas con dicha flor. Una tendrá unas cerezas, que se tomarán del árbol (objetivo del juego), otra tendrá un cuervo para que éste avance por el camino hacia el árbol (hay que tomar todas las cerezas antes de que llegue el cuervo), y la tercera representa un animal dormido, al que hay que dejar boca abajo en silencio. Se cuenta con hacer cierta escenificación para meterse “en el tema”, siseando y mandando callar si aparece el durmiente y graznando como cuervos si se descubre el susodicho.

Frutalito 1

Pitch Car Mini.

Monté un pequeño circuito y, por no traerme todas las piezas, dejé olvidada en casa la recta de meta, lo cual quita un poco de vistosidad al juego. Siempre entusiasma esto de las carreras de coches, pero también es un juego que despierta la competitividad (algún chico chillaba de alegría cuando los demás se salían), cosa que hay que trabajar en casa para encauzar correctamente. Para quien no lo conozca, éste juego es el clásico de las carreras de chapas, sólo que en unas pistas troqueladas que permiten definir trayectos como si fuera un scalextric.

Pitch car mini 1

Monza.

Quizá uno de los más complicados de entender, dado el poco tiempo disponible. Sobre un circuito formado por casillas de colores, unos coches se desplazan intentando ser los primeros en alcanzar la meta. Se lanzan seis dados con colores en sus caras y se van “gastando” dados a medida que se avanza por las casillas de los colores, hasta que sea imposible avanzar más. Por ejemplo, si no quedan dados con el color verde, no es posible entrar en una casilla de dicho color, hasta la siguiente tirada. Requería la orientación activa del adulto para hacerlo fluido. No obstante, en casa, y con tiempo suficiente, he visto que los niños alcanzan a comprender la mecánica como para jugar solos. Con bastante esfuerzo por parte del que explica, eso sí.

Monza 1

Monza 2

Diego el Dragón.

El dragón Diego dispone de tres bolas de fuego (tres canicas) en la parte superior de un tablero que resulta ser una rampa, al final de la cual hay unas casillas marcadas con unos símbolos. El jugador descubre una ficha e intenta introducir las canicas en la casilla con el símbolo que muestra la ficha. Por cada acierto avanza un espacio en el registro de puntos de victoria, que es el propio borde de la caja, y el peón que mueve es un dragón de color con una ranura para quedar vertical sobre el borde. Muy vistoso y probablemente el que más gustó. Prescindí de una parte de las reglas en la que los jugadores que no lanzan en ese momento intentan adivinar qué símbolo era el objetivo del lanzador, por aquello de simplificar.

Diego dragon 1

Diego dragon 2

El Laberinto Mágico.

Los jugadores cuentan con un peón magnético unido a una bola de acero que queda trabada bajo el tablero. Al deslizar el peón (no se puede levantar porque la bola caería), puede tropezarse con un “muro invisible”, una estructura bajo el tablero que no se ve, y que hace caer las bolas. El objetivo es conseguir unas fichas que irán apareciendo en la mesa, moviéndose hasta las casillas que ocupan antes que los demás jugadores, mediante la tirada de un dado y recordando dónde están las paredes ocultas para evitarlos. Usé una variante (¿inventada por el amigo Biblio?) que emplea unos palitos para ir marcando las paredes a medida que se descubren.
Laberinto magico 1

Laberinto magico 2

Animal Sobre Animal.

Cada jugador recibe siete animales de madera que, por turno, intenta situar de uno en uno sobre un cocodrilo que hace de base. Gana la partida quien primero consiga deshacerse de todos sus animales y, como penalización, si caes la estructura que se va formando, te llevas los animales caídos. Hay un dado que se tira para realizar la acción pero se simplificó (por la premura, como siempre) haciendo que cada jugador pusiera un animal cada vez.

Animal sobre animal 1

Animal sobre animal 2

Gulo Gulo.

En un nido lleno de huevos de colores hay una alarma. Los jugadores intentan robar los huevos sin que la alarma salte. El recorrido hasta la meta está formado por fichas que se van descubriendo, de forma que el color que aparece es el del huevo que hay que coger. La última casilla es la del huevo morado. Las reglas son un pelín más complejas pero de esta forma es satisfactorio. Era el juego que marcaba el tempo, ya que cuando el grupo terminaba la partida, hacía el cambio de mesa.

Gulo gulo 1

Gulo gulo 2

Gulo gulo 3

Los Caballeros del Castillo.

Esto es el paradigma de los juegos colaborativos. Entre todos los jugadores, hay que montar una torre de cuatro piezas determinadas por una carta, pero sin tocar las piezas con las manos. Para ello se usa un anillo elástico unido a cuatro cuerdas que tiran o aflojan los jugadores para situar una pieza sobre otra. El juego original trae un reloj de arena del que prescindí.

Caballeros del castillo 1

Caballeros del castillo 2

A modo de conclusión, a unos grupos de juego les entusiasmaban ciertos juegos y a otros les aburría el mismo. Como niños pequeños que son, unos comprendían mejor las mecánicas y a otros les costaba más trabajo. Ninguna de estas tendencias fue muy acusada, pero quizá el juego que más gusta en mi casa a mis hijos (Pitch Car Mini), era el primero que se dejaba de lado si sobraba alguno, aunque era algo que me pareció adecuado porque, al jugarse de pie, era el que más “dolor de riñones” provocaba en quien estuviera enseñándolo.

Los daños colaterales fueron, como el año pasado, muy escasos: se rompió el asa de la cesta de El Frutalito, pero entra dentro de lo lógico. Reducirlos a cero sería un auténtico logro. Esperemos que el año que viene lo consigamos.

El corto, cortísimo, tiempo disponible para explicar+jugar, aparte la rotación de juegos, son siempre unos inconvenientes. Seria magnífico descubrir que a un grupo de niños determinado les encanta un juego concreto y que han pillado las reglas perfectamente para poder profundizar con ellos y ver si desarrollan tácticas (las estrategias son para nenes mayores) y demás. Pero tampoco soy pedagogo, psicólogo, sociólogo o similar para analizar ésto. Que a mí lo que me gusta es jugar y sólo disfruto con esta especie de evangelización lúdica.

Y sí, aparte la predisposición o inteligencia de algunos niños, se notan muy desenvueltos aquellos nenes que están habituados a jugar con sus padres, aunque sea de vez en cuando: Jugad con vuestros hijos. Estoy convencido que os lo agradecerán, y como padres, es una experiencia muy gratificante. Cuando regalo algún juego de mesa a un niño, siempre comento a sus padres que no se confundan, que la caja de cartón con piezas de madera no es mi regalo, sino el tiempo que van a pasar jugando juntos a sus hijos.

El curso que viene, más. Aunque no sé cómo lo haré, que serán ya dos cursos los que tenga que abarcar…

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Comentarios»

1. darthtxelos - 17 enero 2011

uy, esto me lo apunto, gran reseña. Mi experiencia hasta ahora es, como tu dices, que algunos les entusiasman y otros ni caso. En todo caso, jugar con los niños es doblemente educativo: para ellos es una gozada y enciman, desarrollan el coco

2. Dairunma - 17 enero 2011

Ya sabes dónde tiene a dos para practicar !! jijiji

3. elcuartooscuro - 17 enero 2011

¡¡Que gran iniciativa compañero!!

Ojalá se hicieran mas eventos como estos…

Un saludo!!!

Rafatools - 17 marzo 2011

Los juegos que triunfan en mi aula mantinal son el Pinguinos y Cia, Villa Palleti y el Avioneta pirueta. En menor medida el Piko Piko ya que le tengo que contar cuantos puntos lleva, por que ellos no saben sumar.

Muy buena iniciativa Pedro. La próxima vez puedes contar conmigo y así te hecho una mano.

Un saludo.


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